22/9/07

SAL (Daniel, 1997)


Desnudo y en silencio me miras, con los ojos temblando hasta la sal. Mis manos empiezan a estudiarte, trato de tocar tus ojos pero los cierras, y cae la primera gota. Repaso con un dedo el camino de tu lágrima. Sonrío porque en ese camino me encuentro con tus pecas, entonces me acerco más a ti y empiezo a besártelas. Me trago tu primera lágrima junto a otras que van cayendo.
Ahora estoy de nuevo frente a ti, repaso con mis dedos tus labios hermosamente gruesos. Siento como si no fuera a terminar nunca. Ahora bajo por tu barbilla y sigo por tu cuello y por tu manzana, y en tu manzana me provoca besarte de nuevo, mojarme con la sangre que gotea de la mordida, pero me retengo.
Miro por sobre tu hombro, el mar está obscuro al fondo, el olor a salado se confunde con el sabor de tus lágrimas en mi boca, abajo pasan pocos carros, es una noche particularmente solitaria.
Te abrazo con fuerza, ya no pones resistencia, ya casi no te queda sangre. “Eres un buen chico" te digo. Cae otra lágrima, abrazándote me la trago, esta vez te beso la boca suavemente. El viento me inspira tranquilidad. Mientras te beso, mis uñas se incrustan en tu cintura. Sueltas un suave gemido. Pienso; cómo se parece el dolor al placer. Te tiras para atrás, yo te sostengo, todavía te quiero conmigo.
La baranda del puente me hace recordar mi primera vez. Era muy torpe, había mucha sangre por todos lados, ahora no, ahora sólo tú estas lleno de sangre. Tus labios se ven aún más hermosos así. Me dices “por favor”, y eso me conmueve, debe dolerte, hace tanto que no me involucraba de esta manera. Me acerco a tu cuello, absorbo mi último trago de sangre, te doy, luego, el último beso en la boca, te suelto, y mientras caes me trago tu última lágrima.

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