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29/5/11

Gunther, el tío de Jürgen, RIP

Ayer murió el tío de Jürgen. Gunther es el tío que fue personaje ausente casi todo el tiempo que conozco a mi esposo. Hombre enclaustrado en su departamento, alcohólico y con una mujer que cree que la gente no debe ir a los departamentos de otros (supongo que consecuencia de haber sido niña en plena segunda guerra mundial). Cuando por fin lo vi ya estaba "distinto", había perdido peso producto de la pérdida de la cerveza, sufría de gota y acababa de perder su dentadura postiza. Lo conocí en Hitzeldorf, un pueblo como a 20 minutos de Graz, donde está el asilo que los hospeda... que hospeda a su esposa y que hospedaba a él.  Hablaba poco pero siempre que lo hacía se las arreglaba para hacer reír a todo el mundo, y aún con esa pinta tan extraña se las arregló para caerle bien a Dudu.
Anteayer fuimos a verlo por última vez. Los doctores llamaron a mi suegra, su hermana, para decirle que era la última oportunidad para verlo. Lo vimos sentado, hablando, se veía mal, pero no como el clásico hombre a punto de morirse, esos que aparecen en las películas que casi no pueden hablar y que están echados porque no pueden moverse. Él estaba sentado, conversando, incluso haciéndole gestos a Dudu para que se calmara... se calmara, eso fue lo más complicado.
Dudu había estado feliz hasta dos segundos antes de entrar a la habitación de Gunther. En la puerta empezó a llorar y a mover la mano diciendo nain nain. Lo tuve que sacar del coche y cargarlo y abrazarlo hasta que se calmó. Quería salir de la habitación a como dé lugar. Luego pudimos calmarlo, Jürgen lo llevó a la ventana y de ahí no salió hasta que nos fuimos. No fue mucho rato, fue una visita extremadamente corta para mis costumbres latinoamericanas (supongo que nosotros nos habríamos quedado la tarde entera o tal vez esperado el momento grave). Cuando nos fuimos realmente pensé que los doctores habían exagerado, pero no, ayer en la mañana llamaron para avisarle a Ingrid (mi suegra) que había muerto, y es ahí donde lo realmente triste empieza.
Ingrid, y claro Jürgen, estaban encargados de encontrar a la familia de Günther. Sus hijos no lo ven hace años y mi esposo y su madre no tienen ni la menor idea de dónde pueden estar. Encontraron, gracias al Internet,  a uno como profesor de religión en una escuela primaria y el otro como representante público de una gran compañía aquí en Austria. El mayor debe, por ley, hacerse cargo de los papeles y las decisiones que tienen que ver con el cuerpo de Gunther, pero ni siquiera saben quién es el mayor. Gunther ha muerto un viernes y la familia que queda cerca de él no puede contactar a los familiares "cercanos" hasta el lunes. Y es entonces que el pánico se hace cargo de mis emociones.
Tal vez para estos europeos acostumbrados a la nieve y las tormentas, la familia sea un accesorio temporal, pero para mí es extremadamente doloroso pensar en ese punto de distanciamiento. Un punto en el que buscar a esa persona que legalmente está considerada tu pariente más cercano sea tan difícil como buscar al tipo con el que terminaste el colegio hace 20 años, un punto en el que ni la gota, ni tu corazón ni tus pulmones te empuje a tener contacto con esos a los que diste vida hace 40 años, un punto en el que nada importa si no escribir una carta a un amigo que de casualidad se mantuvo contigo hasta tus últimos días. Cómo no deprimirse, yo me deprimí, incluso más por eso que por ver a Ingrid con los ojos y la nariz roja (y eso que adoro a mi suegra). Bueno veamos cómo va este día, en el que Jürgen e Ingrid han decidido pasarla un poco mejor y un poco menos tristes. Al menos ellos tienen una idea de familia más parecida a la mía.

6/11/09

5+5+5+5= 20

Hoy alguien me echó en cara de nuevo lo pleitista que soy. Cosas como esas siempre me parece que van a saco roto, porque aunque siempre he luchado contra esa violencia contenida hay una rabia que a veces se apodera de mí que no puedo controlar, antes solía echarle la culpa a la educación que tuve, pero ya eso está de más a estas alturas.

El asunto es que, mientras daba de mamar a Eduardo, pensé en mis recientes arranques de violencia, y luego del estúpido pleito con el sr. Carnero no encontré otro. Fui a la posta y traté con un extraño doctor del que sólo reí en privado, la nutricionista dijo cosas que me parecieron absurdas y hasta nocivas para Eduardo, y aunque tuve la tentación de insultarla, simplemente la escuché, en el carro de Enrique ni siquiera he estado prestando atención a lo que hacen los otros conductores así que no me he vuelto a hacer mala sangre por lo que hacen y los taxistas (y créanme que ha habido varias oportunidades) han sido los que más se han visto alejados de mis pleitos. Entonces recordé a la dueña de la panadería. 



Siempre me ha parecido un personaje divertido por la calculadora que tiene al lado cada vez que alguien se queja del precio de sus panes... ¿qué por qué se quejan del precio?, ¿acaso son muy caros? No, no y no, es más son los más baratos de la zona, el asunto es su capacidad matemática y su administrativa falta de tino. El asunto es que sus panes cuestan 15 centavos, pero en vez de poner un lindo letrerito que diga "15 centavos" o informar a los compradores cada vez que alguien pregunta, ella tiene una lista de precios que dice cosas como 


1 pan ---   20 céntimos
2 panes   30 céntimos


así hasta 40 panes. Piénsenlo un poco, por qué tendría que ir hasta cuarenta panes si con detenerse en 10 bastaría... el asunto es que si compras 7 panes pagas un sol, pero si compras 14 panes....ta ta ta tan.... pagas dos soles DIEZ CÉNTIMOS. Y ay de ti si te quejas, porque saca su calculadora y te va diciendo "si cada pan cuesta 15 centimos, 14 panes son 2 soles 10" Mi hermano y yo varias veces le hemos comprado dos veces 7 panes para hacerle entender su error, pero ella sólo ha puesto cara de "se burlan de mí" y lo único que ha hecho es volver a explicarse la siguiente vez y de la misma manera "cada pan cuesta QUINCE céntimos, si compras 7, NO TE VOY A COBRAR CINCO PUES, pero si compras 14, ya puedes pagar 10 céntimos, no?"


Admito que nunca me he sentado a explicarle lo que significa un buen cliente, ni por qué metro hace promociones de paga dos y lleva tres, de por qué mi madre compra por cuarto de docena, por qué existen los puntos bonus y por qué cargo una tarjeta gold de cineplanet que me llena de orgullo. Y yo, la verdad prefiero comprarle al panaderito que pasa por la casa y me amarra los panes al a puerta, pero a mi madre le gusta el pan de esa panadería y el otro día me mandó a comprarle VEINTIOCHO PANES. Hacía tanto tiempo que no iba que me había olvidado de su extraña manera de manejar los números así que cuando me cobró 4,20 le dije "7 panes son 1 sol, por qué me cobras 20 céntimos más por 28" entonces sacó su linda maquinita y antes de que terminara su explicación perdí la paciencia y solté un sonorísimo "POR QUÉ ERES TAN BRUTAAAAAAAA, SI LE COBRAS MENOS AL QUE TE COMPRA 7 TIENES QUE COBRARLE MENOS AL QUE TE COMPRA 28..." le tiré los 20 céntimos y me fui renegando con la cola que se había formado detrás de mí que sonreían con solidaridad pero sin tanta rabia como la mía.


Lo admito, no debí gritarle, debí, como dije antes, tomarme mi tiempo y explicarle que un buen cliente merece más cariño, que a ella le conviene la gente que viene a comprar muchos panes, que las matemáticas a veces se equivocan y que en la vida las máquinas no son tan confiables como nos han hecho creer... tal vez le escriba una carta de disculpas, pero ella definitivamente va de frente a mi lista de personajes.





5/11/09

¿Quién se enamora en dos días?

Ayer alguien empezó a hablarme por el messenger, me hablaba como si ya me conociera y luego como si yo ya lo hubiera tratado mal. Como ya he comentado alguna vez, no suelo ser amable con extraños en la web, así que muchos terminan insultándome de una y mil maneras. Así que no me sorprendió que este empezara a ser un poco sarcástico y mala onda. Al principio parecía intentar ponerse coquetón, así que yo inmediatamente saqué a relucir que daba de mamar y que tenía que cambiar pañales, últimamente me funciona maravillosamente para apagar fuegos fatuos.

Cuando empezó a ponerse sarcástico con mi esposo, a llamarlo desesperado por meterse conmigo y esas cosas yo simplemente le dije que si decirme eso le hacía sentirse mejor, bien por él, y me despedí. Hasta ahí, una conversación tan común y corriente que podría no valer la pena escribirla, lo interesante pasó después, porque parecía una escena de ruptura después de 5 años.

Hace cinco años, empecé a conversar con un tipo en la web y de conversar nos pusimos coquetos y divertidos, incluso dejé que me llamara a mi celular y conversamos por ahí. Al día siguiente me llamó mientras estaba en el trabajo y ya ese día, al día siguiente de nuestra primera conversación, empezó a decirme que me amaba. Al principio pensé que era una especie de teatro fabricado y que era parte del juego así que le seguí la corriente, pero a los pocos días, me di cuenta de que el asunto andaba en serio, que las llamadas eran demasiado seguidas y que lo único de lo que hablábamos era del gran amor que sentía por mí. Yo entré en pánico y no pude más que pedirle que me dejara de llamar, que él era "demasiado" y casi no pude explicarle porque tuve esa sensación que debe tener alguien a quien un piano se le viene encima en una pendiente.

Y el asunto es que cuando yo le dije adiós, ayer, a este sujeto en el messenger, él me soltó una frase que me sonó tan absurda como la historia de hace 5 años, me dijo "me rompiste el corazón". Primero pensé que bromeaba, que era parte de su burda forma de insultarme pero no, soltó un rollo larguísimo sobre que él me había considerado su alma gemela y que yo lo había destrozado simplemente porque no era un académico (Ya se reirán todos aquellos que saben lo absurdo que sería para mí meterme de nuevo con un "académico").

Lo bueno es que por más absurda que parezca la historia, para mí el piano ya se había destrozado al pie de la pendiente y ayer sentí que me dieron la oportunidad de pedir disculpas. Ayer, por primera vez, ese idiota que me insultaba dejó de ser idiota, sus insultos pasaron a tener sentido y yo pasé a ser la agresora. Le pedí disculpas, le expliqué qué era lo que había sentido y le dije que no lo había tratado de dañar, que la "ruptura" había sido simplemente inevitable. Y luego hablamos, como dos personas civilizadas, hablamos de nuestras parejas actuales y de nuestra vida, no era que supiéramos mucho del otro de hace años, pero igual fue como respirar aire puro.

Y claro, no voy a dejar de decirlo, cuando terminé de hablar con él y me quedé sola con Jürgen no pude evitar recordar a Vanessa y al otro personaje nuevo (al que se le ocurrió insultar a mi mejor amiga en un comentario que, obviamente no voy a publicar). Qué paja sería que me dijeran a qué viene la bronca, yo dejaría de verlos como una mancha absurda y ridícula, como agresores sin sentido, como enfermos mentales que no saben qué hacer por su vida y tal vez hasta pediría disculpas.

Pero regresando al personaje, lo extraño de este tipo es que en ambas ocasiones fue capaz de abrirse por completo en pocos  minutos, arriesgarse a todo sin miedo a ser tachado de imbécil, y ayer, a arriesgar su vieja herida frente a una mujer que lo rechazó 5 años atrás, si eso no es un personaje admirable, no sé qué esperar de la vida.

3/11/09

Galería de personajes no imaginarios

Como habrán notado cuando andan por la calle, el mundo está poblado de personajes que escapan de nuestra estructura simbólica.  El ejemplo más palpable es el clásico loco de la calle, ese tipo que de repente, en medio de la tranquilidad de tu vida aparece y la perturba, tal vez ni para bien ni para mal, simplemente aparece como el extraño bicho que no llegas a comprender o la historia de fantasmas que no llegas a creer.

En Graz me prestaron una bicicleta, Graz es una pequeña ciudad austriaca donde puedes manejar bicicleta de un extremo a otro sin que haya peligro con los carros o con la falta de caminos. Iba yo entonces, todos los días a comer con Jürgen a la hora de su almuerzo en el trabajo, y todos los días hacía el mismo recorrido. Unas cuantas cuadras de frente y luego al llegar al río volteaba a la izquierda hasta llegar al centro de la ciudad donde nos encontrábamos. Un día poco antes de llegar al centro mismo, allí donde el idílico paisaje del río se transformaba en una cosa un poco más dura, vi a un tipo, vestido muy lindo en su atuendo de loco, presionando el botón de una pileta de agua potable. Esas piletas dejan de dar agua en cuanto dejas de apretar el botón, entonces el tipo hacía que el agua saliera sin detenerse. Yo disminuí la velocidad y, aprovechando que él sólo miraba el agua, me quedé mirándolo para ver si cambiaba algo su actitud... nada.
Ese día después de comer, y de dejar a Jürgen en su trabajo y cogí la misma ruta de regreso. Iba en dirección a las afueras de la ciudad, dejaba atrás el frío concreto y pasaba al idílico río forrado de árboles. Cuando volví a pasar por esa pileta, estaba el mismo hombre en la misma posición y el agua seguía fluyendo. Como la vez anterior, bajé la velocidad y busqué un cambio, esta vez tuve suerte: en un apacible movimiento dejó caer la mano que apoyaba en el botón y levantó la otra, apoyó esta otra en el botón y volvió a su postura estática. Yo no hice más que sonreír y decir para mis adentros: "Y uno que piensa que sólo hay locos en el Perú".

En fin, en este mundo hay mucha gente de la que me gustaría hablar, gente que por buenas, malas o simplemente extrañas razones me gustaría subrayar en este mundo, así que esta entrada está para abrir una nueva etiqueta.


nota: no más pleitos

De hace mucho

Hace un tiempo traté de volver a empezar. Vine aquí, me hice un blog nuevo y empecé a escribir. Fue una practica vacía, no me sirvió de much...