24/12/08
50% de San Marcos o por qué los hombres peruanos son tan raros
Me sorprende que recibiera uno de esos comentarios sobre mi "concupiscencia" justo después de haber escrito sobre los hombres en este blog. A pesar de mi misoginia, siempre me van a sorprender mujeres que, en pleno siglo XXI, consideren insultable ser como soy.
Sé lo que no soy, y estoy orgullosa de no serlo. Sé lo que soy y estoy orgullosa de serlo también. A los 14 años estuve a punto de besar al chico que me gustaba y no lo hice por pudor. Ahora puedo decir que aparte de él, a los que quise besar siempre los intenté besar y los que no besé fue porque no quise o no quisieron. Besé muy poco a los que quisieron besarme a la fuerza y jamás me acosté con ellos, sin embargo me acosté a la fuerza con muchos que me provocaron temblor en las piernas y sudor en las manos, que lograban hacerme gemir con sólo dejarme pasar la mano por su barbilla, o que dejaban ver su ropa interior entre su polo y su pantalón provocándome sin saberlo. Y los que provocaron eso y no pude tenerlos, les guardo el mismo respeto que a los que pude tener.
Muchos de los hombres que he deseado, de los que he tenido y de los que no, ahora son grandes amigos míos, y me miran, después de mucho, como lo que yo realmente soy. Por distintas razones me admiran, y muchos me quieren con cariños que no comprendo.
Pero en algo tiene razón Vanessa, aunque no entiendo como lo dice tan sin pudor, jamás iba a casarme con un tipo que me mirara con ojos parecidos a los de ella. Que viera en mí una mujer y no un ser humano, que me pusiera etiquetas en vez de observarme en mi completa sancochadez.
Y es que es cierto, san marquinos o peruanos para ser más amplios, me han dejado de las maneras más extrañas y maravillosas posibles. Porque me han llamado a media noche borrachos y románticos mientras de día intentaban ser duros y desanimados, porque han corrido y se han desesperado por verme y estar conmigo pero en una relación seria jamás, porque me admiraban y me llamaban maga y me llenaban de halagos y me adoraban pero cuando la cosa se ponía seria me insultaban y me trataban mal, porque viajaban conmigo y lo disfrutaban pero luego querían ocultarlo, porque para elos soy amante pero no esposa, porque soy demasiado loca, demasiado perdida, demasiado fuerte, porque soy demasiado para ellos.
Por eso, me es imposible dejar de querer a alguien que me conoce como soy, que me sabe fuera de control, que me mira a los ojos y me ve real y me dice te amo, y me lleva a su espacio y me presenta ante su mundo y me da un niño para criar en mi vientre. No es el primero, lo admito, ha habido locos en este mundo, pero éste fue al que elegí. Porque alguna vez dije que para amarme hay que tener huevos, y Jürgen, siendo el hombre con más miedos que conozco, tiene el coraje más grande que he tenido cerca en mi vida. Te amo Jürgen.
25/5/08
Yuguito
El amor es algo que nunca voy a comprender, pero la verdad ahora no es algo que me preocupe. En 43 días voy a estar contigo y voy a volver a sentir esa felicidad plena en todo mi cuerpo.
Hoy te extraño Jü, hoy te necesito, hoy mi cuerpo decidió querer hundirse en ti y revolcarse en la alegría que provoca tenerte cerca.
Perdóname el castellano, sé que bablefish no va a hacer un trabajo perfecto, pero hoy mis manos escriben en mi idioma y es que es en mi idioma que te necesito, es en mi idioma que te voy a buscar, es en este idioma tan viejo que te amo.
18/5/08
Hace mucho tiempo
Yo toco tu piel y sé que nuestros cuerpos son distintos, que tus hombros son capaces de dar calamabres a mis ojos, que tu pecho y mis pechos pueden provocar un angustia abrumadora, sé que tu lengua puede desprohibir la caza en plena época de apareamiento.
Sé sé sé sé
Sé que tus ojos, sé que tus pestañas, sé que tu espalda, sé que tus uñas carcomidas, sé que tus enormes pies, sé que tu extraño pelo, sé que tu nariz perforándome, sé que tus manos urgándome, sé que tu falo hiriéndome, sé que no hay vuelta atrás, sé que somos negro y blanco, sé que no hay para qué luchar, sé incluso que no tengo ganas de luchar, sé que somos antágonicas y que un paraguas en una mesa de disección, sé que hay agua y tierra y campo, sé que existe el olor a agua, sé que inunda cada vez que te siento cerca, sé que el mundo no da vueltas todos los días, sé que mis manos cuando te tocan son torpes, sé que para ti tirar y hacer el amor son sinónimos, sé que para mí tirar empieza cuando te veo, cuando te vi, cuando te vea.
Sé, por último y para no hacerla larga, sé simplemente todo lo que existe, pero todo lo que existe es precisamente lo que sé, por eso a ti no te sé, nunca te supe y jamás te sabré.
27/3/08
pensamientos
25/3/08
más Agni Shaktí

¿Quién eres? ¿En qué momento dejaste de ser un tonto hombre y te convertiste en el toro que he elegido para poseer? ¿En qué momento las fibras de tus músculos se convirtieron en cuero duro y tus vísceras, en alimento que me trago a borbotones.
Tú serás mío como la piel que cargo, como la sangre que me irriga, entrando por mis pulmones, siendo Ursus frente al monstruo, palpitando dentro mío como un corazón alterno que toma mi fuerza sólo para crear más, una fuerza ígnea, abrasadora que me mueve a diario, que hace que mis células bailen, que mis huesos carguen, que mis labios besen.
has nacido para mí
yo soy Agni Shaktí
23/3/08
de cuando Agni Shaktí se metió en mi cuerpo
Por mis poros fluyes como una corriente abrupta, rocosa, eres el cielo que ilumina mis venas.
El rojo de tus ojos me alimenta y tu piel me contamina.
Miro fijamente y sin nerviosismo el centro de tu cuerpo y lo imagino sin interrupciones toscas, duras y siento ya que lo huelo y que me inyecto de su perfume.
18 de junio del 2007
19/12/07
AGNI SHAKTÍ
Soy Agni Shaktí y tú has sido mi elegido.
6/12/07
M (31 de enero del 2007)
Lo intenté, sé que lo intenté, M sabe que lo intenté. Pero el cariño no es suficiente para que las cosas funcionen como amor. Ni el cariño ni toda la buena voluntad del mundo. Esa extraña y necesaria combinación de químicos es la que provoca nuestras sensaciones más profundas, esas que se confunden con emociones y te vuelcan de a poquitos como en una maza de lodo y azucar y chocolate y respiraciones torpes y manos que se sumergen y manos que emergen y olor a agua por todas partes.
Ni el cariño ni la buena voluntad del mundo pueden ejercer poder sobre los químicos que nos controlan, sobre el barro que nos cobija y nos ahoga, sobre el agua, sobre ese terrible olor a agua.
Lo siento, hice lo que pude por controlar esos químicos que fluyen por mi cuerpo, pero cuando las cosas no fluyen, las cosas se acaban.
Sé que sabes que te quiero mucho, espero algún día me perdones.
12/11/07
la casa vacía
Respiro profundo, casi siento mi sangre correr como el mar y su resaca al dejar las rocas. Retengo la respiración y muero por un segundo, mi pulso aumenta y el sonido de mi sangre se hace más fuerte, me llega calma por unos instantes.
Al fondo, me explica El Gato, todavía quedan restos de vida: una cama y un colchón bastante sucio que podemos limpiar y con un poco de esfuerzo usar para dormir. La cocina está totalmente destrozada pero tal vez luego encontremos algo de comer. Yo cierro los ojos, es mi nueva manera de decir “sí”, hace mucho que no hablo, he perdido la necesidad, la voluntad, la esperanza necesaria para hablar. Alargo la mano y dejo que El Gato me arrastre por la casa vacía.
En el segundo piso encontramos algo extraño. Un precario escenario montado con sillas para niños y un simple espacio vacío delante. La mayoría de las sillas están rotas pero El Gato logra encontrar una más o menos estable, la limpia con su ropa sucia y me sienta ahí. Luego empieza a volverse loco: se sienta, se para, baila, intenta cantar, da vueltas alrededor mío, pone caras raras y hasta intenta recitar un poema absurdo de cuando éramos niños. Finalmente me doy cuenta de que lo que está buscando es hacerme reír y por darle el gusto lo intento, pero de mi cara el gesto que sale es tan extraño que El Gato se acerca con cara de preocupación y me abraza, y me acaricia el pelo como a una niña. Su cuerpo me reconforta brutalmente y hasta las lágrimas. Le sostengo la cara con las dos manos y le beso la frente y luego la cara de un lado y luego del otro, pienso en besarle la boca pero me reprimo y me acurruco en su pecho dejando que me abrace. Él es fuerte y siento que se ha propuesto cuidarme pero a veces sé que la madre protectora soy yo, sé que recurre a mí cuando su estabilidad está a punto de romperse, aun aquí en medio de la destrucción, en medio de la nada. Sé perfectamente que nos besaremos y hasta haremos el amor, pero será luego, luego de que vuelva a aprender a hablar… y a sonreír sin asustarlo.
21/10/07
SUEÑO
But now I’m reborn
I was the walrus
But now I’m John”
John Lennon
Estoy soñando. ¿Para qué pronunciar lo irremediablemente explícito? sólo en un sueño el tiempo no tiene razón de ser, sólo en los sueños el mundo parece fabricado por un pintor impresionista y el cielo no es más que una frase idiota y extraña. Pero ahora tengo que estar consciente de soñar, valga la paradoja. Ahora el sueño es casi una obligación.
Estoy soñando. He abierto los ojos y los he vuelto a cerrar. Pude por un segundo oler esa terrible humedad que casi siento acumulárseme en los pulmones. Lo he estado sintiendo estos últimos días, como si no fueran ni los cigarrillos ni la falta de ejercicio, sólo la humedad que atormenta. Pero aquí, en cambio, todo se siente bien. No necesito pensar en agua o en sequedad, no tengo si quiera que imaginarme en dónde estoy, sólo sé que floto y que puedo tener lo que quiera.
Estoy soñando.
Sí, estar soñando implica que no tengo por qué preocuparme por nada, cosas terriblemente ridículas como que el sexo tiene consecuencias, o como que si asesino pueden matarme a mí también. Puedo entonces apuñalar a esa mujer con la tranquilidad de la sangre fría y disfrutar cómo se hunde el cuchillo en la carne, sentir mis manos embarrándose de sangre y gozar, en silencio, del frío en el estómago que me da su cara de dolor.
Pero por ahí no va lo que quiero hoy. Así que empiezo; yo, esas medias de nylon que sé que tanto gustan, con encaje en la parte alta de los muslos, blancas, y sobre ellas un vestido de novia. Mi pelo se ha curvado, y se ha acurrucado sobre mis hombros, tengo la cara de una fantasía francesa que sólo imagino en estas situaciones. Él, bastante grande, de esos que sabes que te pueden levantar en vilo sin esfuerzo, manos fuertes pero delgadas, siempre claras, casi transparentes.El color de su piel se ha ennegrecido por el maltrato, pero sus manos se mantienen claras. Sus ojos así de oscuros se mezclan con la oscuridad del callejón. Vaya, estamos en un callejón, hasta la palabra es hermosa.
Sueño. Yo, en medio del callejón mirando el vacío, de pronto siento un cuerpo que se dibuja completamente en mi espalda. Siento el frío de unas manos enrollándome el vestido, una cosa cálida y húmeda recorre mi cuello mientras aparta mi pelo con su cara, con una barbilla que irrita al pasar. Volteo para abrazarlo y mi abrazo se aprieta cada vez más para sentir su cuerpo haciéndose parte de mí, puedo casi ver cómo mi cuerpo, no éste fabricado torpemente, sino aquel, se humedece por completo en contacto con este hombre.
Se me abrieron los ojos de nuevo, es hora de levantarme, me pregunto si todavía puedo alargarlo, el televisor se ha prendido y el comercial que suena es uno que aún no conozco, siento mi cuerpo pesado, mi pelo lacio se me pega en la cara. Llevo las piernas al pecho y me las abrazo como tratando de contener esa cosa que lucha por salir. Cierro los ojos una última vez.
Lo veo como despidiéndome. Lo abrazo como quien abraza a un gran amigo que no ve en años. Termino dándole un beso en la frente y abro los ojos para volver a mi vida. El sueño ha terminado.
De: niña tonta, a: principe, querubín azul
Me restriego los ojos, pero sigue ahí, y tú en medio de toda esa locura, tú caminando hacia mí, con esos ojos enormes, llenos siempre de una tristeza apaciguadora que yo prometo, en mi torpeza, destruir a toda costa, con mi espada de madera y mi caparazón de tortuga. Yo niña tonta, yo enamoradiza sin remedio, yo prendida de ti como un niño a la teta de su madre, yo, yo pues, aquella que te prometió el oro del mundo hecho pedazos, envuelto en un pañuelo salado, sólo para proteger tus heridas, sólo para hacerte grande.
Yo, tonta niña enamoradiza, ya no puedo más, regreso a mi cueva sin dragones, sin príncipes, me regreso sola, sin ti, porque contigo me duelen los ojos de tanta locura, porque contigo no entiendo nada, no entiendo si estás, o si ya fuiste, no entiendo si sigues ahí, o si te vas a morir en un suspiro de mis pulmones enfermos.
Por eso te dejo, no por falta de cariño, ni por teatro estúpido, te dejo para poder vivir, porque aunque apareces como una promesa de felicidad eterna, sé que mis ojos fallan, y que realmente eres una herida sangrante en mi costado, sé que no eres el príncipe que pareces ser, sé que todo está bien, que los unicornios son sólo seres humanos, y los vampiros sólo están en los libros, y que tú, mi preciado querubín, no eres más que un niño encantador que me provoca mucha mucha locura.
Placer
El placer nace de la nada, o de algo inefable y olvidado, tal vez algún tipo de conexión interna, psicoanalítica, un resto de complejo de electra o algo parecido que todavía no se ha estudiado. El placer nace y crece sin permiso, se vuelve loco en la cabeza y se derrama por entre los ojos, te hace brotar lágrimas, te vuelve hipersensible y hasta idiota.
El placer crece solo, sin compañía, sin estimulación, sin alimento. Crece corriendo, sin haber caminado, sin haber gateado, sin haber siquiera abierto las manos y buscado un poco de agua. Crece y atormenta, porque para eso ha nacido, para provocar deseo, un deseo incontenible y absoluto, una cosa que hace gemir en silencio y que atormento las zonas más sombrías de uno mismo.
El placer, en fin, este placer que me viene de repente al verte, ha crecido, y se ha establecido en mi cuerpo y tiene un cerebro propio que embate contra el mío. Me exije que lo complazca, me incita a buscarte, me obliga a mirarte y me presiona contra mí misma buscando estímularme por todas partes. Me pregunto si debemos darle gusto.
10/10/07
Mensajes de texto (2003, Alex)
y apareces cada vez que te veo
Eres una historia que quiero contarte
Pero estás demasiado dentro mío como para decírtelo
Eres la primera página del Ulises
En una obsesiva necesidad de quitarte una pena
Eres todo eso que entiendo de ti
y además eres todo lo que no entiendes de mí
eres tu sexto sentido
y ese ámbito en el que tu sexto sentido se equivoca
soy yo
Carta de arrepentimiento o texto susceptible de ser interpretado como se quiera (2003 Ryan)
Pero de vez en cuando, sólo de vez en cuando, un ser humano, que generalmente también me hace pensar en un bicho, se cruza en mi vida. Y ese bicho, extraño y aterrador, me hace sentir, paradójicamente y por un momento, como un ser humano frágil y vulnerable.
Recuerdas esa primera noche en la que embriagados de vino y ansiedad y terminamos revolcándonos como dos bichos en celo, recuerdas cómo inmediatamente me convertí en humano y saqué mis temores a la luz repitiendo como una desquiciada “tengo miedo tengo miedo tengo miedo” y tú me mirabas con esa cara tan gringa y tan perdida mientras yo seguía con la cantaleta “tengo miedo tengo miedo tengo miedo Ryan”, entonces tú sacaste tu romanticismo a la luz y me mandaste una de esas frases con las que quiero formar un libro de frases heredables pero no para ser repetidas si no más bien contadas: “Cómo hago para que una mujer tan sensible de cuerpo y de mente sea capaz de enseñarme a amar” e inmediatamente después, todo un bicho de nuevo me dijiste “¿ya no tienes miedo?” y empezamos a reírnos como yo pretendía nos reiríamos por el resto de nuestras vidas.
Al día siguiente, en el mueble de mi casa, recuerdo haber pensado que eras el peor amante de mi vida y “Ay Dios, no de nuevo, ¿acabo con esto o me dedico de nuevo a mi cátedra número uno de cómo hacerle el amor a Ligia Namuche” gracias a Dios o a cualquier otro ente superior que nos haya juntado, el mal sexo de esa noche era culpa de mi cansancio, del calor, del nerviosismo del momento y de la incomodidad del mueble de mi sala.
Ahora trato de recordar los buenos momentos, pero sé que tú los recordarás mejor que yo, si es que tu memoria no ha sido aturdida por cosas extrañas a mí. Nos imagino de nuevo bailando con vista al mar o en cualquier calle sólo para demostrarme a mí misma que sabías bailar mejor que yo; o nos recuerdo tirando sombreros sobre Larco Mar sólo para seguir jugando a quién inventa mejor teorías sobre lo absurdo que es el lenguaje... aunque yo nunca pude ponerle un orden absurdo al lenguaje ya que para mí el lenguaje, absurdo por naturaleza, sólo tiene una explicación: Fue hecho por seres humanos, Ryan, no por bichos como nosotros. Recuerdo haber recorrido nuestros cuerpos sin miedo y con la paz de los grandes mamíferos, esos que no tienen que trabajar o atender responsabilidades; y luego del amor, recuerdo haber seguido amándote ya sin pasión pero aún con dulzura.
Pero empezaste a viajar, y mi seguridad absoluta, mi tranquilidad envidiable y mi apacible y arrolladora soltura de insecto atormentado se convirtió en esa horrible tensión humana que se acumula en la base del cuello y que tan bien sabes quitar con tus manos, esas manos que cuando me tocan me hacen gemir sin miedo y en plena avenida 28 de Julio, esas manos que me hacen tomar un taxi para correr a un hostal y hacernos el amor sin pensarlo dos veces.
Pero, estaba en que empezaste a viajar y me entró el miedo de nuevo, y esta vez no estabas ahí, bicho encantador, para decirme una frase estúpida y preguntarme si todo había pasado. Está vez estabas ahí, más humano que yo, histérico y angustiado, tratando de superar mis miedos con los tuyos. Y yo salí de mis parámetros, de mis expectativas de ser lo que quiero ser y no lo que se debe ser, salí de todo lo que yo me he obligado a ser por ética, moral y decencia (a pesar de lo que dice la gente al respecto) salí de todo eso y te pedí cosas que sólo piden las mujeres, me convertí en una chica para matrimonio cuando ni siquiera creo que la gente deba casarse, me convertí en un ser humano hecho y derecho y traicioné nuestro pacto tácito de compromiso libre (valga la paradoja).
Pero entiende que el amor ciega y aloca y que a veces uno piensa que lo es todo, entiende, y te lo pido por favor, que de verdad pensé que tus problemas psicológicos y físicos sólo serían curados conmigo, y que lejos serías un ser humano triste y terrible, tenso y lleno de tics, poco amable y poco querido, que volverías con el rabo entre las piernas y los ojos rojos a tratar de amarme de nuevo y que yo, bicho antipático y desesperante, te esperaría también con los ojos rojos pero de odio y desamor (porque así soy de mala a veces).
Pero eso no puede ser, el amor no se puede prometer y esa es una de mis principales premisas de vida, el amor es una cosa impalpable, inodora e incolora, pero que a diferencia del aire tiene un sabor bastante agridulce. El amor, si es que existe, no se puede controlar y te enferma y destruye, te convierte en una cosa que no eres y te desmorona cada dos días. Pero, y de esto no quiero si quiera dudar en algún momento de mi vida, vale la pena porque te hace sentir vivo.
Por eso te pido disculpas por todas esas cosas que te pedí, por todo lo que hice y te hice hacer, yo creo firmemente que no tengo derecho a exigirte nada y que tú, sin embargo, tienes derecho a lo que consideres mejor para ti.
Ryan, en una superficie lisa y vertical, dos hormigas no tienen mucha expectativa de vida, salvo, claro, si caes en la cuenta de que son hormigas y no humanos, y que sus cuerpos soportan esas cosas de una manera casi mágica. ¿Somos hormigas Ryan, o caeremos juntos por esa superficie lisa y cuando nuestros cuerpos choquen tierra, no existiremos más el uno para el otro? ¿qué somos Ryan?
Ligia Namuche
16 de febrero de 2003
La explicación de la vida o por qué tomarse la vida en serio si no se va a salir vivo de ella (Ryan)
Ahora, mi pregunta es esta, ¿las vacas, perros, gatos o hasta aves y reptiles sienten lo mismo? Mi respuesta tentativa es NO, no lo sienten porque inmediatamente después de nacer tienen que enfrentarse a todo, empezar a caminar o reptar y a veces casi inmediatamente, luchar por su vida. Nosotros, los frágiles humanos, somos engañados. Vivimos por meses, años, a veces décadas con la gran mentira de que una sociedad nos protege y que la vida no es algo por lo que tengamos que luchar “no dear, no debes luchar por tu vida, porque tu expectativa de vida es de 75 años... si quieres preocuparte por algo preocúpate por tu felicidad” y así nos pasamos la vida tratando no dejar de ser felices.
Uno de mis mejores amigos dice que el amor no es nada mágico ni extraño, es sólo el producto de esa búsqueda de la comodidad que nos promete la sociedad. Y uno aquí, extraño entre los extraños, siente a veces que la sociedad no es de uno, busca incansablemente, intenta una y otra vez, acepta, rechaza, brinca, duerme, lucha, mata, sobrevive pero no ama.
¿No ama? Pero qué si un día te despiertas y hay alguien a tu lado, un día, precisamente tú, que no estás acostumbrado a dormir abrazado a nadie, ni siquiera cuando conscientemente lo intentas, despiertas y te das cuenta de que toda la noche, ese alguien que duerme contigo ha estado buscando tu abrazo. ¿es acaso ese el momento de amar? ¿no es acaso eso lo que nos ha prometido la sociedad?
Luego te levantas, te mueves, empiezas con tu rutina diaria, una niña de casi un año te hace llorar de felicidad dando sus primeros pasos, otra que nunca sonríe lo hace por ti sonríes secándote las lágrimas... sales de ahí, sigues luchando, caminando, cansándote del mundo, obligando al mundo a ser algo que te cobije, aún en contra de su voluntad, sigues andando y de repente te encuentras de nuevo con ese que te abrazó de noche y temes perderlo.
Pero, de aquí no se sale vivo, la felicidad se lucha todos los días y a cada minuto, y si no se es feliz se busca serlo. La sociedad nos lo prometió, obliguémosla a cumplirlo. Hoy me siento bien, tengo un trabajo lleno de emociones y un hombre que me abraza al dormir. Mañana, ya se verá.
5/10/07
Azul (Iván 1999)
Azul era azul desde mucho antes de conocerle. Azul se pintaba de azul y salía a las calles. Azul miraba el cielo vestido de azul y teñía sus ojos de azul. Azul reía mucho y eso no era muy azul que digamos, pero a nadie le importaba. Conocí a Azul mientras bailaba y mientras bailaba me besó, y mientras me besaba sabía que Azul jamás me besaría, pero eso a nadie le importaba. Un día Azul y yo decidimos zarpar y fue cuando nos encontramos y fue cuando nos hicimos amigos y fue cuando nos conocimos de verdad y me contó su historia.
Azul despertaba todos los días y veía el techo de su cuarto pintado de azul, y luego se levantaba y miraba su rostro en el espejo y también lo veía azul, sus muebles eran azules y sus manos más azules aún, su pelo azul y su vida azul blue. Muchos consideraban que eso era anormal, pero Azul veía todo como él quería y hacía más o menos lo que él quería... y eso a nadie le importaba. Azul y yo compartimos muchos días y muchas noches bajo el cielo azul para ambos, rodeados del mar azul para ambos y empecé a comprenderle más que nadie. Pero mi comprensión es intransferible, así que me remitiré al punto... porque las comas me dejaron de gustar cuando conocí a Azul.
Había nacido en un cuarto azul, de padres entre rosados y amarillos, su cuna era blanca y su ropa de muchos colores. El techo de su cuarto nunca lo recordó porque estaba demasiado lejos para sus ojos. Su madre vestía mucho de rojo y su padre mucho de negro, su madre olía a jazmines y su padre olía a incienso, pero eso último a nadie le importaba. Casi al año empezó a dar sus primeros pasos, después vinieron sus primeras palabras, luego sus segundas, luego sus terceras, luego las figuras, los nombres, los animales, los objetos y por alguna razón sus padres se olvidaron de enseñarle los colores. Así que fue muy grande ya –entre los cinco y seis años– cuando aprendió lo que era un color. Y Azul me contaba con estupefacción la euforia que sintió al darse cuenta de que había una forma de distinguir una pared de otra, un papel de otro, una uña de otra, unos ojos de otros, una cara de otra, sus ojos del rostro de su madre. Y fue cuando se dio cuenta de que el color era lo más importante, fue cuando se dio cuenta de que nada tenía más importancia que la pared de su cuarto. Fue grande cuando pudo lograr que le llamaran Azul –entre los diez y doce años– cuando su cuarto se transformó en una caja azul y sus padres en muñecos azules colgando del techo, cuando su ropa era azul y sus comidas obligaciones azules, sus vicios hechos azules y sus amigos... cosas de otros colores.
A nadie le habría importado la obsesión de Azul si un día no se hubiera levantado y, después de mirar cada pared y cada objeto de su cuarto, no hubiera salido con pintura azul a querer pintar a todos sus amigos de azul. Fue cuando lo persiguieron, fue cuando tuvo que esconderse, correr, gritar, llorar, sudar, y se dio cuenta de que ni sus lágrimas ni su sudor le quitarían lo azul. Fue cuando decidió zarpar, y ahí estuve yo, casualmente vestida de azul. Yo permití que tomara mi mano y la pintara de azul, que me mojara la cara con su saliva y la pintara de azul, yo permití que me subiera a un barquito azul y navegáramos por el mar azul y viéramos día y noche el cielo azul. Poco me costó escucharle y luego entenderle, poco me costó porque yo también nací en un cuarto azul.
PURPURA Y CASTAÑO (Mario, 28 de octubre de 1999)

Siempre caminaba como algún extraño animal que no puedo identificar, lo que hacía que las mujeres se sintieran incómodas y que los hombres se burlaran de él a sus espaldas. Sus espaldas, llenas de pecas; sus manos, siempre lejanas; su nariz, como de koala; sus ojos, color maracuyá, aunque verdes al contacto con el mar; sus labios... jamás recuerdo sus labios.
Un día fue invitado por su vecina a tomar un café y a las dos semanas llovían pensamientos púrpuras y gatos que siempre caían de pie, empezó a cojear del pie derecho y dejó de tomar café, dejó los marrones y prefirió el rojo, cambió el lapicero por el lápiz, cambió el saxo (que tan a sexo le sonaba) por el piano, dejó de cuidarse las uñas y le creció la barba, aprendió a llover como los charcos y a perder llaves por todas partes, cambió lirios por rosas y las marchitó...
Ayer fue encontrado amarrado a una silla, desnudo pero con zapatos y corbata, desangrado por la yugular. En la casa de al lado, su vecina, en su tina de baño, con el agua llena de sangre, la boca pintada, un pensamiento púrpura en la mano y 43 pastillas para dormir en el organismo... ni un rasguño.
25/9/07
ESPERANZA (un tipo en el cusco, 1999)

Había salido demasiado temprano del hostal y había caminado durante horas por la plaza, sus ojos volaban, y volaban porque es fácil para una peruana dejar volar sus ojos ante lo amarillo. Pero no era por lo amarillo por lo que había salido temprano, había sido simplemente el aburrimiento; los libros se acabaron, el agua se enfrío, la cama se recalentó y la soledad de los muros la aplastaba. La noche anterior él la había despedido, serían sólo dos días de soledad, sólo una noche. Esperanza perdió esperanza, pero no lloró.
Había salido demasiado temprano del hostal, demasiado temprano para ver gente en los bares o escuchar música de las discotecas, demasiado temprano para ver llover estrellas, demasiada civilización para ver llover estrellas. Las estrellas en Lima son grises como el cielo, por eso nunca se ven; en el Cuzco son amarillas, como las luces de la ciudad, por eso tampoco se ven. Detrás de sus párpados las estrellas eran rojas, por eso se veían a pesar de la obscuridad; pero ese día había salido demasiado temprano.
Se sentó en una banca de la plaza y observó, luego caminó por las calles aledañas y siguió observando, más tarde, cuando ya no fue tan temprano entró en un bar, se sentó en la barra, pidió un vodka puro y jugo de limón como él le había enseñado y cerró los ojos. Pronto los abriría de nuevo, pronto habría por qué abrirlos. Lo amarillo se le acercó, lo amarillo le habló y la sedujo. Esperanza recordó el mar y lo miró a los ojos, Esperanza le recordó a él y cerró los ojos. También recordó lo que solía decir alguien por algún lado "Cuando el placer es sólo placer, la cama amanece medio vacía". Esperanza estaba demasiado acostumbrada a la cama completamente llena y se despidió antes de adentrarse mucho en la conversación.
Cinco días después él no había vuelto, Esperanza empezaba a olvidarse del mar y las ruinas la obscurecían demasiado ya. Volvió a salir demasiado temprano ese día, volvió a sentarse en la plaza observando, volvió a caminar por las calles aledañas observando y volvió a meterse al mismo bar con el único propósito de cerrar los ojos; y tampoco esta vez lo pudo hacer.
El mismo color, la misma cara, las mismas palabras, sólo Esperanza parecía no ser la misma. Esperanza volvió a recordar el mar, y decidió alegrarse un poco, se hizo llamar Olvido y bailó hasta desahuciarse, tomó vodka con limón hasta olvidar por qué lo tomaba y Olvido terminó en una cama ajena, en una noche obscura y sin estrellas ni siquiera en sus ojos cerrados. Olvido quiso tanto esa noche que al amanecer la cama estaba completamente vacía.
Esa mañana Olvido volvió a ser Esperanza, pero por otro él, esta vez él había cambiado de color, de acento y de palabras; había cambiado en su forma de acariciar, de besar y de morder. Esa mañana un él que ella ya no recordaba apareció en el hostal, Olvido no volvió a ser Esperanza, Esperanza no volvió a ver el mar.
22/9/07
SAL (Daniel, 1997)

Ahora estoy de nuevo frente a ti, repaso con mis dedos tus labios hermosamente gruesos. Siento como si no fuera a terminar nunca. Ahora bajo por tu barbilla y sigo por tu cuello y por tu manzana, y en tu manzana me provoca besarte de nuevo, mojarme con la sangre que gotea de la mordida, pero me retengo.
Miro por sobre tu hombro, el mar está obscuro al fondo, el olor a salado se confunde con el sabor de tus lágrimas en mi boca, abajo pasan pocos carros, es una noche particularmente solitaria.
Te abrazo con fuerza, ya no pones resistencia, ya casi no te queda sangre. “Eres un buen chico" te digo. Cae otra lágrima, abrazándote me la trago, esta vez te beso la boca suavemente. El viento me inspira tranquilidad. Mientras te beso, mis uñas se incrustan en tu cintura. Sueltas un suave gemido. Pienso; cómo se parece el dolor al placer. Te tiras para atrás, yo te sostengo, todavía te quiero conmigo.
La baranda del puente me hace recordar mi primera vez. Era muy torpe, había mucha sangre por todos lados, ahora no, ahora sólo tú estas lleno de sangre. Tus labios se ven aún más hermosos así. Me dices “por favor”, y eso me conmueve, debe dolerte, hace tanto que no me involucraba de esta manera. Me acerco a tu cuello, absorbo mi último trago de sangre, te doy, luego, el último beso en la boca, te suelto, y mientras caes me trago tu última lágrima.
17/9/07
La última vuelta del camino (Paloma, Mauro y Jorge, 1996)

De hace mucho
Hace un tiempo traté de volver a empezar. Vine aquí, me hice un blog nuevo y empecé a escribir. Fue una practica vacía, no me sirvió de much...
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Una vez alguien me preguntó por qué me gustaba Ella Fitzgerald, yo la miré con la misma cara que siempre uso cuando me preguntan sobre mis g...
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El choclito y la primera chica que afanó como Dios manda. Claro que la niña es mucho mayor para darle bola, pero por algo se empieza
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Oh, pedaço de mim (Oh, pedazo de mí) Oh, metade afastada de mim (Oh, mitad apartada de mí) Leva o teu olhar (Lleva tu mirada) Que a saudade ...