
El sol ha abierto los ojos pero los suyos siguen pegados al teléfono, se ha levantado siempre mirando al mismo punto y ha soltado los brazos y las piernas, luego ha cambiado de rumbo su mirada y ha dado vueltas por toda la habitación moviendo el cuello y sacándose conejos de los dedos. Se ha sentado y por unos minutos se ha olvidado del teléfono porque ha cogido ese lapicero que siempre lleva consigo y mientras él cerraba los ojos ha dejado que las yemas de sus dedos recuerden, y ha sentido su agudeza, su seguridad su paz...
El sol con todas sus fuerzas ha metido uno de sus rayos por el espacio entre las cortinas y le ha abierto los ojos a la fuerza. Se ha levantado sin ganas, ha caminado hasta la cocina y se ha servido un vaso de agua; el agua le ha abierto la garganta y le ha regresado el sentido; el teléfono pudo haber sonado mientras dormía. Ha regresado a su lugar, ha observado unos segundos al cantante sin voz y desesperado ha soltado un grito mientras empezaba a destrozar la sala; a volteado los muebles, ha roto la mesa de centro y con ella la maceta ha caído y sus flores en el piso lo han calmado, ha vuelto frente al teléfono y ha enterrado la cara entre sus manos.
El sol cansado de un largo día ha empezado a cerrar los ojos mientras los suyos se han perdido en la obscuridad. Un sonido desesperado lo ha sacado de donde estaba, ha cogido el auricular y se lo ha llevado a la oreja: “Ya llegué, ven” Ha colgado el teléfono y saltando ha subido hasta el baño, ha abierto la ducha y aunque el agua estaba fría se ha metido debajo del chorro, se ha vestido, se ha perfumado y cantando ha salido a la calle...
Ahora está sentado a mi lado y hemos guardado sus nervios en una cajita para vivir un rato en paz.
El sol con todas sus fuerzas ha metido uno de sus rayos por el espacio entre las cortinas y le ha abierto los ojos a la fuerza. Se ha levantado sin ganas, ha caminado hasta la cocina y se ha servido un vaso de agua; el agua le ha abierto la garganta y le ha regresado el sentido; el teléfono pudo haber sonado mientras dormía. Ha regresado a su lugar, ha observado unos segundos al cantante sin voz y desesperado ha soltado un grito mientras empezaba a destrozar la sala; a volteado los muebles, ha roto la mesa de centro y con ella la maceta ha caído y sus flores en el piso lo han calmado, ha vuelto frente al teléfono y ha enterrado la cara entre sus manos.
El sol cansado de un largo día ha empezado a cerrar los ojos mientras los suyos se han perdido en la obscuridad. Un sonido desesperado lo ha sacado de donde estaba, ha cogido el auricular y se lo ha llevado a la oreja: “Ya llegué, ven” Ha colgado el teléfono y saltando ha subido hasta el baño, ha abierto la ducha y aunque el agua estaba fría se ha metido debajo del chorro, se ha vestido, se ha perfumado y cantando ha salido a la calle...
Ahora está sentado a mi lado y hemos guardado sus nervios en una cajita para vivir un rato en paz.
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