Gracias a una corazonada, puedo creer en Dios y acertar, o no creer en Dios y también acertar. ¿Entonces? Acaso Dios tenga un rostro de crupier y yo sólo sea un pobre diablo que juega a rojo cuando sale negro, y viceversa.
No es la eternidad pero es el instante que, después de todo, es su único sucedáneo verdadero.
No es la eternidad pero es el instante que, después de todo, es su único sucedáneo verdadero.
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