21/10/07

Placer


El placer es algo que no se puede tocar. Pasa a tu lado y te deja la nariz especulando durante horas y los ojos cerrados y sin paz. El placer es algo que no se puede entender, hace que tus ojos vuelen por agujeros extraños, entren en zonas en las que son completamente ciegos, se fundan con telas arrugadas, perciban olores prohibidos y miren a tus ojos sin respuesta.
El placer nace de la nada, o de algo inefable y olvidado, tal vez algún tipo de conexión interna, psicoanalítica, un resto de complejo de electra o algo parecido que todavía no se ha estudiado. El placer nace y crece sin permiso, se vuelve loco en la cabeza y se derrama por entre los ojos, te hace brotar lágrimas, te vuelve hipersensible y hasta idiota.
El placer crece solo, sin compañía, sin estimulación, sin alimento. Crece corriendo, sin haber caminado, sin haber gateado, sin haber siquiera abierto las manos y buscado un poco de agua. Crece y atormenta, porque para eso ha nacido, para provocar deseo, un deseo incontenible y absoluto, una cosa que hace gemir en silencio y que atormento las zonas más sombrías de uno mismo.
El placer, en fin, este placer que me viene de repente al verte, ha crecido, y se ha establecido en mi cuerpo y tiene un cerebro propio que embate contra el mío. Me exije que lo complazca, me incita a buscarte, me obliga a mirarte y me presiona contra mí misma buscando estímularme por todas partes. Me pregunto si debemos darle gusto.

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