5/10/07

PURPURA Y CASTAÑO (Mario, 28 de octubre de 1999)


Era tan directa su mirada que no le importaban las miradas de los demás. Cuando regresaba y había llovido, miraba los charcos y llovía con ellos. Jamás llevaba llave y ya todos estaba acostumbrados a verlo entrar por la ventana. Sus pasos en la casa llena de madera hacían un ruido que la vecina de al lado no podía soportar. Por eso y por un amor no correspondido siempre le llenaba la casa de gatos y pensamientos púrpuras que recitaban dos frases subliminales que sólo los dos conocían: "te extraño" y "jódete con el púrpura". El rojo era su color, las rosas castañas sus flores, el piano su instrumento, las pasiones su incertidumbre y la literatura su paz.
Siempre caminaba como algún extraño animal que no puedo identificar, lo que hacía que las mujeres se sintieran incómodas y que los hombres se burlaran de él a sus espaldas. Sus espaldas, llenas de pecas; sus manos, siempre lejanas; su nariz, como de koala; sus ojos, color maracuyá, aunque verdes al contacto con el mar; sus labios... jamás recuerdo sus labios.
Un día fue invitado por su vecina a tomar un café y a las dos semanas llovían pensamientos púrpuras y gatos que siempre caían de pie, empezó a cojear del pie derecho y dejó de tomar café, dejó los marrones y prefirió el rojo, cambió el lapicero por el lápiz, cambió el saxo (que tan a sexo le sonaba) por el piano, dejó de cuidarse las uñas y le creció la barba, aprendió a llover como los charcos y a perder llaves por todas partes, cambió lirios por rosas y las marchitó...
Ayer fue encontrado amarrado a una silla, desnudo pero con zapatos y corbata, desangrado por la yugular. En la casa de al lado, su vecina, en su tina de baño, con el agua llena de sangre, la boca pintada, un pensamiento púrpura en la mano y 43 pastillas para dormir en el organismo... ni un rasguño.

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