21/10/07

SUEÑO


“I was the dreamweaver
But now I’m reborn
I was the walrus
But now I’m John”
John Lennon

Estoy soñando. ¿Para qué pronunciar lo irremediablemente explícito? sólo en un sueño el tiempo no tiene razón de ser, sólo en los sueños el mundo parece fabricado por un pintor impresionista y el cielo no es más que una frase idiota y extraña. Pero ahora tengo que estar consciente de soñar, valga la paradoja. Ahora el sueño es casi una obligación.
Estoy soñando. He abierto los ojos y los he vuelto a cerrar. Pude por un segundo oler esa terrible humedad que casi siento acumulárseme en los pulmones. Lo he estado sintiendo estos últimos días, como si no fueran ni los cigarrillos ni la falta de ejercicio, sólo la humedad que atormenta. Pero aquí, en cambio, todo se siente bien. No necesito pensar en agua o en sequedad, no tengo si quiera que imaginarme en dónde estoy, sólo sé que floto y que puedo tener lo que quiera.
Estoy soñando.
Sí, estar soñando implica que no tengo por qué preocuparme por nada, cosas terriblemente ridículas como que el sexo tiene consecuencias, o como que si asesino pueden matarme a mí también. Puedo entonces apuñalar a esa mujer con la tranquilidad de la sangre fría y disfrutar cómo se hunde el cuchillo en la carne, sentir mis manos embarrándose de sangre y gozar, en silencio, del frío en el estómago que me da su cara de dolor.
Pero por ahí no va lo que quiero hoy. Así que empiezo; yo, esas medias de nylon que sé que tanto gustan, con encaje en la parte alta de los muslos, blancas, y sobre ellas un vestido de novia. Mi pelo se ha curvado, y se ha acurrucado sobre mis hombros, tengo la cara de una fantasía francesa que sólo imagino en estas situaciones. Él, bastante grande, de esos que sabes que te pueden levantar en vilo sin esfuerzo, manos fuertes pero delgadas, siempre claras, casi transparentes.El color de su piel se ha ennegrecido por el maltrato, pero sus manos se mantienen claras. Sus ojos así de oscuros se mezclan con la oscuridad del callejón. Vaya, estamos en un callejón, hasta la palabra es hermosa.
Sueño. Yo, en medio del callejón mirando el vacío, de pronto siento un cuerpo que se dibuja completamente en mi espalda. Siento el frío de unas manos enrollándome el vestido, una cosa cálida y húmeda recorre mi cuello mientras aparta mi pelo con su cara, con una barbilla que irrita al pasar. Volteo para abrazarlo y mi abrazo se aprieta cada vez más para sentir su cuerpo haciéndose parte de mí, puedo casi ver cómo mi cuerpo, no éste fabricado torpemente, sino aquel, se humedece por completo en contacto con este hombre.
Se me abrieron los ojos de nuevo, es hora de levantarme, me pregunto si todavía puedo alargarlo, el televisor se ha prendido y el comercial que suena es uno que aún no conozco, siento mi cuerpo pesado, mi pelo lacio se me pega en la cara. Llevo las piernas al pecho y me las abrazo como tratando de contener esa cosa que lucha por salir. Cierro los ojos una última vez.
Lo veo como despidiéndome. Lo abrazo como quien abraza a un gran amigo que no ve en años. Termino dándole un beso en la frente y abro los ojos para volver a mi vida. El sueño ha terminado.

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