De pronto extendió la mano y lo tocó. "qué bárbaro" , dijo, sinceramente asustada, y fue todo lo que pudo decir. Jose Arcadio sintió que los huesos se le llenaban de espuma, que tenía un miedo lánguido y unos terribles deseos de llorar. La mujer no le hizo ninguna insinuación. Pero José Arcadio la siguió buscando toda la noche en el olor de humo que ella tenía en las axilas y que se le quedó metido debajo del pellejo.
Pongo este texto fragmento no por que sea particularmente bello si no porque me sorprendió la capacidad que tiene García Márquez de hablar de cosas sensuales sin que el texto llegue a ser sensual, más bien crudo y hasta cruel.
Pongo este texto fragmento no por que sea particularmente bello si no porque me sorprendió la capacidad que tiene García Márquez de hablar de cosas sensuales sin que el texto llegue a ser sensual, más bien crudo y hasta cruel.
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