Hoy descubrí que algo tiene la ropa en las tiendas que pretende, y logra, subrayar esas sensaciones que uno carga genéticamente y que se prenden solas a veces, y sin permiso muchas veces. El vacío de ellas, de las ropas, en vez de apagarme y demostrarme la futileza del momento, hacía que las reemplace por el placer de quitarlas, de abrirlas, de olerlas, de apretarlas, de mojarlas, de desgastarlas con mi cuerpo.
Me encontré en medio de la zona de caballeros -zona que casi no visito porque no tengo a quien vestir- estrujando entre mis manos un par de jeans sobreteñidos que deseo cada vez que veo por las calles. Luego abrí lentamente el cierre de una casaca y metí las manos dentro de ella para sentir la textura aterciopelada del interior, por último me acerqué a una camisa blanca y abrí los botones uno a uno antes de sacarla del colgador y volverla acomodar, siempre pretendiendo que había alguien ahí que recibía mis engreimientos.
Mmm, experiencia única la de la imaginación. Chicos, si notan que puedo disfrutarlo, llévenme de paseo cuando compren ropa, yo lo sabré agradecer.
12/11/07
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