23/5/08

Renunciar

Renunciar siempre me ha parecido una cosa que llena de felicidad. Incluso en esos trabajos que me han parecido maravillosos y en los que he recibido alegrías a montones. Renunciar siempre viene en el preciso momento en el que la felicidad resulta más estúpida que los problemas.
Esta vez regresaba en un micro con una euforia inmensa y contando los segundos para llegar a casa y contar que ya no tenía más responsabilidades en ese lugar cuando de repente como una ola inmensa en el momento menos inesperado me vino una nostalgia profunda, dolorosa. Esta vez, la felicidad no es absoluta, la renuncia no sólo me quita un peso de encima. Me senté, se me fue la euforia y sentí que había dejado el mejor trabajo que he tenido en mi vida. Aunque parezca absurdo es... fue el mejor. El que más tonterías encontraba en el camino, el que mejores compañeros (con una sola exepción), el que más tranquila me tenía, el que más útil me hacía sentir. Cerré los ojos y me dediqué por un minuto a cobijar el dolor en mi pecho.
Pero como en el mundo siempre aparecen cosas que me hacen feliz incluso en un momento de tristeza pasajera a mi combi subió un ex- cómico ambulante y luego de decir eso, para qué escribir más.

:D

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