Ayer murió el tío de Jürgen. Gunther es el tío que fue personaje ausente casi todo el tiempo que conozco a mi esposo. Hombre enclaustrado en su departamento, alcohólico y con una mujer que cree que la gente no debe ir a los departamentos de otros (supongo que consecuencia de haber sido niña en plena segunda guerra mundial). Cuando por fin lo vi ya estaba "distinto", había perdido peso producto de la pérdida de la cerveza, sufría de gota y acababa de perder su dentadura postiza. Lo conocí en Hitzeldorf, un pueblo como a 20 minutos de Graz, donde está el asilo que los hospeda... que hospeda a su esposa y que hospedaba a él. Hablaba poco pero siempre que lo hacía se las arreglaba para hacer reír a todo el mundo, y aún con esa pinta tan extraña se las arregló para caerle bien a Dudu.
Anteayer fuimos a verlo por última vez. Los doctores llamaron a mi suegra, su hermana, para decirle que era la última oportunidad para verlo. Lo vimos sentado, hablando, se veía mal, pero no como el clásico hombre a punto de morirse, esos que aparecen en las películas que casi no pueden hablar y que están echados porque no pueden moverse. Él estaba sentado, conversando, incluso haciéndole gestos a Dudu para que se calmara... se calmara, eso fue lo más complicado.
Dudu había estado feliz hasta dos segundos antes de entrar a la habitación de Gunther. En la puerta empezó a llorar y a mover la mano diciendo nain nain. Lo tuve que sacar del coche y cargarlo y abrazarlo hasta que se calmó. Quería salir de la habitación a como dé lugar. Luego pudimos calmarlo, Jürgen lo llevó a la ventana y de ahí no salió hasta que nos fuimos. No fue mucho rato, fue una visita extremadamente corta para mis costumbres latinoamericanas (supongo que nosotros nos habríamos quedado la tarde entera o tal vez esperado el momento grave). Cuando nos fuimos realmente pensé que los doctores habían exagerado, pero no, ayer en la mañana llamaron para avisarle a Ingrid (mi suegra) que había muerto, y es ahí donde lo realmente triste empieza.
Ingrid, y claro Jürgen, estaban encargados de encontrar a la familia de Günther. Sus hijos no lo ven hace años y mi esposo y su madre no tienen ni la menor idea de dónde pueden estar. Encontraron, gracias al Internet, a uno como profesor de religión en una escuela primaria y el otro como representante público de una gran compañía aquí en Austria. El mayor debe, por ley, hacerse cargo de los papeles y las decisiones que tienen que ver con el cuerpo de Gunther, pero ni siquiera saben quién es el mayor. Gunther ha muerto un viernes y la familia que queda cerca de él no puede contactar a los familiares "cercanos" hasta el lunes. Y es entonces que el pánico se hace cargo de mis emociones.
Tal vez para estos europeos acostumbrados a la nieve y las tormentas, la familia sea un accesorio temporal, pero para mí es extremadamente doloroso pensar en ese punto de distanciamiento. Un punto en el que buscar a esa persona que legalmente está considerada tu pariente más cercano sea tan difícil como buscar al tipo con el que terminaste el colegio hace 20 años, un punto en el que ni la gota, ni tu corazón ni tus pulmones te empuje a tener contacto con esos a los que diste vida hace 40 años, un punto en el que nada importa si no escribir una carta a un amigo que de casualidad se mantuvo contigo hasta tus últimos días. Cómo no deprimirse, yo me deprimí, incluso más por eso que por ver a Ingrid con los ojos y la nariz roja (y eso que adoro a mi suegra). Bueno veamos cómo va este día, en el que Jürgen e Ingrid han decidido pasarla un poco mejor y un poco menos tristes. Al menos ellos tienen una idea de familia más parecida a la mía.
29/5/11
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