Siento también que dejo París sin haber visto ni la mitad de ella, y siento que, de lo que vi, no he podido mostrarles ni la mitad. No he podido mostrar, por ejemplo, la cantidad de matices que tiene la multitud, o la francesa de labios rojos y ojos perdidos que vi cuando llegué. Tampoco puedo mostrar lo que se siente en el metro cuando empieza a moverse de golpe, La sensación de vacío que provoca la torre Eiffel, o el sabor del pan.
Tampoco la mezcla de emoción y respeto que sentí frente a Cortazar, frente a lo que sus libros no pudieron contener.
París es todo y todo acumulado, belleza, podredumbe, maravilla, basura, magnificencia, pequeñez, tiene lo que me gusta de Lima, pero magnificado y maravillado, con una tonalidad distinta, con una luz que brilla desde otro lado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario